La edad no debería ser el único criterio para determinar la participación en los programas de cribado de cáncer colorrectal. Así lo concluye un estudio del Área de Cáncer Gastrointestinal del Cancer Center de la Clínica Universidad de Navarra, que plantea incorporar otros factores de riesgo como el sexo masculino, el tabaquismo o un resultado positivo en el test de sangre oculta en heces.
La investigación ha puesto de manifiesto una elevada prevalencia de lesiones neoplásicas en personas mayores de 65 años que no se habían sometido previamente a una colonoscopia. En concreto, se detectaron adenomas en el 42,8% de los pacientes analizados, adenomas avanzados en el 7% y cáncer invasivo en el 2,7%.
Estos datos reabren el debate sobre la conveniencia de mantener el cribado más allá de la edad habitual de finalización —en torno a los 69 años— y refuerzan la necesidad de adoptar un enfoque más individualizado. “Es necesario personalizar el cribado en personas mayores en lugar de basarlo únicamente en la edad”, señala la doctora Maite Herráiz, directora del Departamento de Digestivo, quien destaca además una mayor prevalencia de lesiones en varones y en pacientes con pruebas de sangre oculta positivas.
En la misma línea, el doctor José María Riesco subraya la importancia de mantener la constancia en estos programas y adaptar el seguimiento a las características de cada paciente. “El riesgo no desaparece con la edad y existen factores que influyen en la aparición de la enfermedad”, apunta.
El cáncer colorrectal es actualmente el tumor más frecuente en España, aunque también uno de los más prevenibles si se detecta a tiempo. El cribado poblacional, basado en pruebas no invasivas, ha permitido reducir la mortalidad en un 20% en las últimas dos décadas, según datos de la Sociedad Española de Oncología Médica.
Además, los avances en técnicas endoscópicas han mejorado notablemente tanto el diagnóstico como el tratamiento. La colonoscopia permite no solo detectar lesiones de forma precoz, sino también extirpar pólipos durante la propia intervención, evitando su progresión a cáncer. En casos más complejos, técnicas mínimamente invasivas como la disección endoscópica submucosa ofrecen alternativas eficaces a la cirugía tradicional, reduciendo riesgos y mejorando la recuperación de los pacientes.





