Casi el 20% de los jóvenes migrantes que viven en Navarra ha experimentado algún tipo de discriminación, frente al 11% de los jóvenes autóctonos. Los centros educativos y los espacios de ocio son los entornos donde este colectivo se ha sentido más rechazado, principalmente por su forma de hablar, su religión o su forma de vestir. Los datos proceden del estudio Juventud y movimientos migratorios, elaborado por el Instituto Navarro de la Juventud a partir de 701 entrevistas a personas de entre 16 y 30 años.
Una juventud cada vez más diversa
El informe refleja que el 23,9% de los jóvenes encuestados ha nacido en el extranjero y que casi tres de cada diez proceden de familias en las que ambos progenitores son de origen foráneo. La vicepresidenta tercera y consejera de Vivienda, Juventud y Políticas Migratorias, Begoña Alfaro, presentó el estudio este miércoles y subrayó que "la diversidad no es una excepción sino una norma con la que ya vivimos en nuestra comunidad".
En el plano religioso, alrededor de un tercio de la juventud navarra se identifica como católica, mientras que más del 55% se declara agnóstica, atea o sin adscripción religiosa. En cuanto a la identidad, más de la mitad se identifica principalmente con Navarra, aunque entre los jóvenes de origen migrante tiene mayor peso el vínculo con la cultura familiar de origen.
Integración mayoritaria, pero con margen de mejora
La directora general de Políticas Migratorias, Eva Gurría, destacó que la juventud migrante está "mayoritariamente bien integrada", pero advirtió de que los comportamientos de rechazo hacia este colectivo son muy superiores a los que sufren los jóvenes autóctonos. "Es un campo en el que debemos seguir trabajando", afirmó.
El estudio señala también que el castellano se consolida como lengua común en el espacio público, el euskera crece fuera del ámbito familiar vinculado a contextos educativos, y las lenguas de origen extranjero tienden a mantenerse en el entorno doméstico.






