La Policía Nacional y la Guardia Civil han iniciado este viernes el traslado masivo de cientos de migrantes desde las playas del Trampolín y de Benítez hacia el nuevo espacio de acogida temporal habilitado en el puerto de Ceuta. El operativo busca gestionar el impacto de la crisis migratoria generada tras la entrada de más de 70.000 personas a finales de julio desde Marruecos, una coyuntura que vuelve a poner a prueba la Capacidad de gestión del Gobierno central y el desgaste de las infraestructuras locales.
El dispositivo, coordinado por la Policía Nacional con más de 150 agentes, arrancó sobre las 6:30 horas. El trayecto a pie de casi dos kilómetros por el Paseo Marítimo registró graves dificultades debido a la acumulación de personas. A pocos metros de la playa de Benítez se vivieron momentos de alta tensión en los que las fuerzas de seguridad recurrieron al uso de porras y petardos para disuadir a la multitud. Un escenario que evidencia las complejas dinámicas de control poblacional y la urgencia de coordinar una política migratoria más equilibrada, firme y previsible.
Sindicatos policiales denuncian la falta de previsión institucional
Aunque el campamento del puerto tiene capacidad para unos 1.700 migrantes, se estima que en las playas permanecían asentadas más de 3.000 personas en condiciones extremas tras un mes y medio en la calle. Cerca de las 11:00 horas, alrededor de 800 personas —entre ellas varios menores— ya habían accedido al recinto tras recibir una pulsera identificativa y pasar controles de seguridad, mientras cientos aguardan aún su turno.
El desarrollo del operativo ha reabierto el debate sobre la planificación estatal de los derechos humanos y la seguridad pública en la frontera sur. El sindicato policial JUPOL ha criticado duramente la gestión del Ejecutivo, denunciando la falta de medios y la improvisación a la que se expone a los agentes de la Unidad de Intervención Policial (UIP), cuyas condiciones de trabajo vuelven a verse comprometidas en medio de esta crisis migratoria.









