LA LUNA NO TE NOMBRA, PERO YO TE NOMBRO A TI:
KHATOUN SALMA KERSHET, POETA ASESINADA EN EL LÍBANO
“La luna no me nombra” dices en uno de tus versos… Qué triste, compañera, que nos tengamos que escribir tras tu muerte. Qué triste recordar ahora en tu ausencia, la ausencia de todas; las que sobrevivieron bajo las bombas y las muertas bajo ellas como tú. Qué triste rememorar que cuando te aniquilaron volvieron a matar a Heba Abu Nada, a Lorca, a Victoria Amelina, Irène Némirovsky, Gerturd Kolmar, Etty Hillessum, Ilse Weber y tantas y tantas más.
Qué bonitos versos tienes cuando escribes “La niña llegará sola/ No tendrá nada más que su nombre”. Tú, asesinada como tantas niñas, las ultrajadas, amordazadas, hambrientas, masacradas, violadas, heridas, asoladas, devastadas… caídas. En todas ellas, tú, y en tu poesía, toda nuestra palabra. Y en tu palabra, la esperanza.
La paz que no puede esperar no se construye con alegatos y buenas intenciones, lo sabemos. Necesitamos justicia para cimentar la paz. Necesitamos derrumbar la impunidad. Nombrar a los genocidas. Aislarlos, juzgarlos, sacarlos del poder y que paguen por sus exterminios.
Nombrar a los genocidas. A ti no solo te ha matado quien dirige el estado de Israel y su ejército, Netanyahu; no solo te ha acribillado quien apoya el genocidio del pueblo palestino, libanés, iraní y convierte a todo Oriente Medio en una balsa ensangrentada, Trump. A ti te ha matado también quien no alza la voz para denunciar las masacres de quienes un día fueron víctimas y ahora se han convertido en los mayores verdugos. Más verdugo que el que ahorca, sí, más.
Me tapo la cara con las manos, antes de seguir escribiéndote, hermana, antes de traer, una vez más aquí, las reflexiones de la maestra Segato, que nos dice; “Gaza es un cambio de era porque el poder de la muerte se exhibe sin pudor”. Efectivamente, estamos ante un cambio de paradigma donde ya no rigen las normas humanitarias, el derecho internacional y las reglas de consenso cívico. Solo rige la ley de la aniquilación. Tanto pueden aniquilar sin que nadie les pare, tan fuertes dicen ser; esa es la única carta de inhumanidad que rige nuestro mundo hoy. Y sí, no se me olvida, a ti te han matado.
El crimen de los feminicidios, que se ha convertido en algo común con el paso de los siglos (¿Quién contabilizó las torturas, violaciones, asesinatos y devastaciones contra las mujeres en otras eras?) han hecho que se cree un clima de exhibición de la impunidad. La exaltación del despotismo, del abuso, de la ilegalidad, de la barbarie es el modus operandi a través del que los genocidas del siglo XXI superan a los del siglo XX. Incluso en el Holocausto el horror no se manifestó por completo hasta la apertura de los campos de concentración y los hornos crematorios, hasta la visión de las montañas de cadáveres cubiertos de podredumbre y ceniza. Hoy en día el grado de deshumanización es tal que, mientras se entierran a más de cien niñas masacradas en su escuela bajo los proyectiles, se nos distrae con una vuelta espacial en torno a la Luna o se nos pretende engañar con la retransmisión de una “primera dama” que dice no tener nada que ver con un captor y un violador de niñas en prime time, a la vez que se exhiben fotografías de ambos en situaciones íntimas, estando esposada con un sujeto ejecutor de esas mismas atrocidades. También pienso en qué no habrá tenido que hacer esa señora en el pasado para seguir denigrándose en la actualidad de esa manera.
Se nos está aniquilando el sentido crítico a base de generar miedo e inocular paulatinamente cada vez mayor permisividad a lo cruel, a lo atroz, a lo fiero. O intentan narcotizarnos con ficción y ocio vulgar, para que no pensemos, o ansían inmunizarnos con un manifiesto desprecio a la vida, a nuestras vidas, mediante el ultraje y la humillación a valores humanos ligados a lo esencial del Ser: la defensa de la justicia, la cooperación humana, la visión de la Naturaleza como una más y no como otredad. Lo horrendo nos lo sirven en la cotidianeidad. Así nos están envileciendo. ¿Y qué nos queda?
El no-silencio, la poesía, la palabra. Tu palabra.
“La lucha de mis labios/ repitiendo el intento/ una y otra vez”.
Por Fátima Frutos 11.04.2026




