La parroquia de San Saturnino volvió a ser este sábado epicentro espiritual y emocional de la ciudad en la festividad de su patrón. En una homilía marcada por el tono cercano y un mensaje de fuerte contenido social, el arzobispo de Pamplona y obispo de Tudela, Florencio Roselló, animó a los fieles a “no esconder la fe” y a “vivirla con normalidad, sencillez y valentía”, reivindicando a San Saturnino como símbolo de unidad en una Pamplona diversa.
Roselló subrayó desde el inicio el poder cohesionador de una jornada que, un año más, sacó a miles de personas a la calle: «San Saturnino nos ha unido a todos, pensemos como pensemos. Ha hermanado lo religioso y lo folclórico, la cultura y la fe, incluso lo espiritual y lo político». El prelado lamentó que, habitualmente, “acentuemos más las diferencias que las coincidencias”, y defendió que el ejemplo del patrón invita a salir del repliegue: “Vivimos la fe de puertas hacia dentro, a veces con temor. San Saturnino nos invita a lo contrario”.
En un repaso a la tradición que vincula al santo con la evangelización de Pamplona, Roselló destacó la “coherencia radical” de su vida y su entrega: un obispo que dejó Toulouse “para traer lo que más quería: su fe”, y cuyo ejemplo atrajo a discípulos como Honesto o inspiró el bautismo de Firmo y San Fermín. “La fe no crece por imposición, sino por atracción”, recordó citando al papa Francisco.
El arzobispo dedicó buena parte de su mensaje a la figura del mártir como referente de respeto y tolerancia. Señaló que San Saturnino “respetó la libertad de credo, incluso al pasar diariamente ante un templo pagano”, y denunció que, sin embargo, esa actitud no fue correspondida. Su muerte —atado a un toro tras negarse a rendir culto a dioses paganos— simboliza, afirmó, que «las ideas y las creencias no están por encima de las personas», un principio que, dijo, nuestra sociedad debe recuperar.
Roselló insistió también en la dimensión universal del cristianismo: “Un extranjero trajo la fe a esta tierra. Un extranjero nos habló de coherencia y de Dios. ¿Sería posible hoy algo así?”, planteó, invitando a reflexionar sobre la capacidad de acogida y de diálogo en tiempos de polarización.
En un contexto que definió como marcado por la indiferencia y el cansancio espiritual, el arzobispo llamó a los cristianos de hoy a asumir una actitud pública y serena de testimonio: “No sufrimos persecuciones como él, pero sí la tentación de escondernos. San Saturnino nos empuja a vivir la fe en la calle, sin miedo”.
La homilía concluyó con un agradecimiento al patrón y con una invitación a que Pamplona mantenga vivo su legado: el de una fe valiente, respetuosa y abierta, capaz de unir a toda la ciudad en torno a una tradición que sigue siendo motor de identidad y encuentro.






