La Cabalgata de Reyes Magos de 2026 convirtió Pamplona en un escenario invernal de cuento, con termómetros bajo cero y una sensación térmica gélida que no impidió que miles de personas llenaran el recorrido desde primera hora de la tarde. Pese al frío extremo y las heladas anunciadas, el público respondió masivamente y acompañó a Sus Majestades en una de las noches más frías de los últimos años en la capital navarra.
Desde primeras horas del 5 de enero, Navarra amaneció “congelada”, con avisos por nevadas en cotas bajas y heladas generalizadas que ya marcaban el tono de la jornada. En Pamplona, los termómetros se movieron entre los -1 y -2 ºC a última hora del día, con una sensación térmica cercana a los -5 ºC durante el cierre de la Cabalgata, lo que convirtió cada ráfaga de cierzo en un auténtico latigazo de frío en las calles.
Reyes Magos fieles a la tradición
Como manda la costumbre, Sus Majestades llegaron a la ciudad por la zona de la Magdalena a las 16.00 horas montados en sus dromedarios y recorriendo el tramo de murallas hasta el Portal de Francia antes de dirigirse al corazón de Pamplona. Tras la recepción institucional en la Casa Consistorial, donde saludaron a los niños desde el balcón, los Reyes encadenaron la tradicional visita a la Casa de Misericordia para llevar su mensaje a las personas mayores antes de prepararse para el gran desfile.
Cabalgata multitudinaria pese al frío
La Cabalgata arrancó a las 19:00 horas desde la calle Abejeras, en la zona de la plaza de los Fueros, para enfilar un recorrido de más de dos kilómetros por las principales arterias del centro, desde la avenida de Zaragoza hasta la plaza del Castillo y Carlos III. Más de un millar de participantes, comparsas, grupos de animación y voluntariado dieron forma a un cortejo que mantuvo el trazado habitual hasta las inmediaciones del colegio Vázquez de Mella, con todo el trayecto vallado y espacios reservados para personas con discapacidad.
Público arropado en bufandas y gorros
A pesar del frío cortante, las aceras se llenaron de familias embutidas en plumas, bufandas y gorros de lana, con niños subidos a los hombros y manos enguantadas estiradas al paso de las carrozas. Muchos aguantaron hasta el último confeti, con la temperatura ya en torno a -2 ºC y una sensación térmica de -5 ºC, para ver cómo las luces de las carrozas se perdían entre el vaho de los resoplidos y la niebla del aliento colectivo de la multitud.
Magia y caramelos en una noche de hielo
Entre música, focos y reparto de caramelos —que la organización ha ido adaptando este año hacia formatos más sostenibles-, la Cabalgata volvió a trenzar ilusión y resistencia al frío en partes iguales. Con el cierre del desfile, hacia las 21:00 horas y ya con Pamplona tiritando a temperaturas bajo cero, quedaba la sensación de haber vivido una noche de hielo y magia en la que el público se negó a cederle las calles al invierno






