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La inteligencia artificial ya reorganiza listas de espera y predice ingresos en urgencias

El Colegio de Médicos de Navarra acoge un foro en el que expertos en salud digital defienden usar la tecnología para reducir burocracia y devolver tiempo

Sistemas capaces de prever cuántos pacientes llegarán a urgencias, algoritmos que detectan riesgos de sepsis antes de que aparezcan síntomas graves, herramientas que reorganizan las listas de espera según la prioridad clínica real. La inteligencia artificial ya opera en hospitales y centros de salud españoles, pero su implantación plantea tantas oportunidades como cautelas. Así quedó de manifiesto en el Foro Voces Expertas celebrado en el Colegio de Médicos de Navarra, donde profesionales y expertos en transformación sanitaria debatieron el papel que debe jugar la tecnología en la medicina del futuro.

Menos pantalla, más paciente

La principal voz del encuentro fue Marisa Merino, directora gerente de la Fundación Hospitalarias Euskadi y presidenta de la Fundación Signo, quien centró buena parte de su intervención en uno de los problemas que más desgasta hoy a los profesionales sanitarios: la burocracia. "Primero mirábamos al paciente. Luego pasamos a mirar la pantalla. Ahora tenemos la oportunidad de volver a mirar al paciente", afirmó.

Para recuperar ese tiempo clínico perdido, varias comunidades autónomas ya prueban sistemas de "escriba digital": herramientas que escuchan la conversación entre médico y paciente y generan automáticamente el informe clínico. "Cualquier herramienta que quite burocracia mejora automáticamente la atención", señaló Merino, una idea que resonó entre los profesionales presentes, que reconocieron el agotamiento que genera la sobrecarga administrativa diaria.

Predecir antes de que el paciente empeore

Más allá de la consulta, la IA avanza en diagnóstico precoz y medicina personalizada. Actualmente se aplica en hospitales para analizar retinopatías diabéticas, interpretar imágenes radiológicas, apoyar diagnósticos anatomopatológicos o monitorizar desde el domicilio a pacientes con enfermedades crónicas complejas. Su gran ventaja, explicó Merino, es la capacidad de detectar patrones en enormes volúmenes de datos que ningún profesional podría identificar manualmente.

Sin embargo, la experta fue clara sobre los límites de la tecnología: "Los algoritmos pueden apoyar decisiones, pero la decisión final debe seguir siendo humana, clínica y responsable".

El problema no es tecnológico, sino cultural

Pese a los avances, la incorporación de estas herramientas a la práctica diaria sigue siendo lenta. Según Merino, el obstáculo principal no es técnico sino cultural: falta de formación, resistencias internas y escasa adaptación de los sistemas sanitarios. "La clave no está solo en disponer de buenos sistemas, sino en generar confianza, formar a los profesionales y gobernar bien los datos", apuntó.

La experta también lanzó una advertencia sobre los sesgos: si los datos con los que aprende un algoritmo contienen errores o discriminaciones, el sistema los reproducirá. Y alertó del riesgo de profundizar las desigualdades si la digitalización no se diseña pensando en todas las personas.

El mensaje final del foro fue tan tecnológico como filosófico: el verdadero éxito de la revolución digital en sanidad no se medirá en aplicaciones ni en pantallas, sino en si los médicos logran dedicar más tiempo a escuchar, acompañar y cuidar a sus pacientes.

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