Pamplona ha vivido esta mañana el sabor más tradicional de San Blas, con la apertura desde primera hora del mercadillo en la plaza de San Nicolás y la calle San Miguel, epicentro de una jornada que cada año reúne a vecinos y visitantes en torno a los dulces y las costumbres populares.
Desde las 9 de la mañana, los 21 puestos instalados han comenzado a despachar roscos y productos típicos, en un ambiente animado que se ha ido llenando poco a poco. El trasiego ha sido constante durante toda la mañana, con compras para casa y paradas casi obligadas para charlar y curiosear entre los mostradores. El mercadillo permanecerá abierto de forma ininterrumpida hasta las 20.30 horas, por lo que todavía queda toda la tarde para acercarse.
La festividad ha sumado su vertiente más religiosa con la procesión de San Blas por los alrededores de la iglesia de San Nicolás y la bendición de los puestos y de los productos, un momento muy esperado tanto por vendedores como por público. Poco después, a las 10 horas, se ha celebrado la misa en la parroquia, con la presencia de la Corporación municipal.
El Ayuntamiento de Pamplona ha recordado durante la mañana las normas que rigen el mercadillo, con controles sobre el origen de los productos, la prohibición de vender pan o elaboraciones con nata o crema pastelera, y medidas para garantizar la seguridad y la limpieza. Para ello, se ha reforzado el número de contenedores y se ha cuidado especialmente el paso para vehículos de emergencia.
La jornada, sin embargo, aún no ha terminado. Esta tarde, a partir de las 19.30 horas, llegará uno de los momentos más simbólicos del día con la soka-dantza de Duguna Iruñeko Dantzariak, que partirá desde la plaza de San Nicolás hacia el paseo de Sarasate. Los dantzaris, con antifaces y pañuelos estampados, estarán acompañados por el oso y su guardián, en un guiño al cercano carnaval.
La soka-dantza, una de las danzas más antiguas y representativas de la tradición vasca y navarra, volverá así a ocupar la calle en uno de los dos días del año en los que se baila en Pamplona, manteniendo viva una costumbre documentada desde el siglo XVI. Una forma perfecta de cerrar un San Blas que, al menos durante la mañana, ya ha dejado claro que sigue muy arraigado en la vida de la ciudad.





