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Karlos Alzugaray: osteopatía y fisioterapia para entender el dolor desde su origen

Tras más de dos décadas de experiencia, Karlos Alzugaray abre consulta en Pamplona con una mirada global sobre el cuerpo y el dolor

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karlos Alzugaray

La consulta en Monasterio de Fitero 25

Durante años, Karlos Alzugaray ha aprendido a leer lo que el cuerpo dice cuando duele. No solo dónde duele, sino por qué. Fisioterapeuta de formación universitaria y osteópata por vocación, su trayectoria profesional está marcada por una idea clara: muchas dolencias no aparecen de un día para otro, sino que son el resultado de tensiones acumuladas, falta de movilidad y desequilibrios que el cuerpo va compensando… hasta que deja de poder hacerlo.

Después de más de veinte años de consulta privada en Bera y Santesteban, Alzugaray acaba de abrir consulta en Pamplona, donde lleva apenas dos meses trabajando. Un paso que no responde a la improvisación, sino a la demanda de pacientes y al deseo de seguir creciendo profesionalmente. “En esta vida, para no estancarte, tienes que buscar pequeños retos”, afirma.

Más de dos décadas de experiencia clínica

Karlos Alzugaray es fisioterapeuta desde el año 2000. Dos años después, en 2002, abrió su primera consulta privada en Bera, donde comenzó una trayectoria que se consolidaría con el paso del tiempo. En 2016 amplió su actividad a Santesteban, sumando experiencia clínica y una base sólida de pacientes.

Paralelamente, completó una formación de cinco años en osteopatía, impartida por profesores belgas y culminada con una tesis y un tribunal médico. Una formación exigente que reforzó su visión global del cuerpo humano y le permitió integrar ambas disciplinas en su práctica diaria.

Hoy, con más de veinte años de experiencia, su consulta atiende desde recién nacidos hasta personas mayores que aún pueden acudir por su propio pie. “Trabajo prácticamente con todo el mundo”, resume.

Deporte de élite y alta exigencia física

Una parte destacada de su carrera ha estado ligada al deporte de alto nivel. Alzugaray formó parte durante cinco años del equipo de la selección española de voleibol, una experiencia que le permitió trabajar con cuerpos sometidos a una gran exigencia física y a una presión constante.

Posteriormente, colabora con los pelotaris profesionales de la empresa Aspe, además de tratar a deportistas de diferentes disciplinas, tanto profesionales como amateurs. Esa experiencia le dio una comprensión profunda de las lesiones, la prevención y la importancia de tratar no solo el síntoma, sino la causa real del problema.

“Cuando el problema es agudo, suele ser más fácil”, explica. “El verdadero reto es cuando alguien viene y te dice: ‘llevo así dos años y no sé por qué’”.

¿Fisioterapia u osteopatía?

Aunque su titulación universitaria es la de fisioterapeuta, Alzugaray centra su práctica principalmente en la osteopatía. La diferencia entre ambas disciplinas no siempre es fácil de explicar, pero él lo resume de forma clara: la osteopatía es una medicina manual que busca devolver movilidad a los tejidos para que el propio cuerpo pueda autorregularse y sanar.

“A través de las manos, trabajas sobre restricciones a nivel de tejidos, fascias, articulaciones… Normalizas esa movilidad y ayudas al cuerpo a hacer lo que sabe hacer”, señala. “A veces solo necesita un pequeño empujón”.

La osteopatía contempla el cuerpo como un todo. Un dolor puede tener un origen músculo esquelético, craneal, visceral, químico y emocional. Por eso, la exploración inicial y el razonamiento clínico son fundamentales.

Saber hasta dónde llegar

Uno de los aspectos que Alzugaray subraya con más énfasis es la importancia de conocer los límites profesionales. “Hay problemas emocionales profundos donde lo correcto es derivar a un psicólogo”, explica. “No se trata de ser el listo de turno”.

Esta ética profesional es una constante en su trabajo. Cada caso se evalúa con cuidado, y si el origen del problema no es abordable desde la osteopatía o la fisioterapia, se deriva al especialista adecuado. “Zapatero a tus zapatos”, resume.

El estrés, el gran enemigo silencioso

En consulta, uno de los factores que aparece de forma recurrente es el estrés. Jornadas laborales prolongadas, trabajos sedentarios, posturas mantenidas durante horas o esfuerzos repetitivos acaban pasando factura.

“Todos los trabajos tienen su pero”, señala. “El que está sentado todo el día, el que levanta peso, el que conduce muchas horas… todo eso se acumula”. El problema es que la mayoría de las personas acude a consulta cuando el dolor ya es intenso. “Nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena”, reconoce.

Para Alzugaray, la clave está en la prevención y en no normalizar el dolor. Ese “ya se me pasará” que se repite durante meses suele acabar en una lesión más compleja y cronificada.

La importancia del diagnóstico manual

Cada consulta comienza con una anamnesis, una escucha atenta del motivo de consulta y una exploración detallada. “Decir ‘me duele el brazo’ es fácil cuando sabes que te lo hiciste haciendo un movimiento concreto”, explica. “Lo difícil es cuando no has hecho nada aparentemente”.

En la mayoría de los casos, el origen del problema viene de lejos: una mala postura al dormir, una caída olvidada, un desequilibrio antiguo que el cuerpo ha ido compensando. Detectar ese origen es la parte más compleja del trabajo.

“Vas tocando teclas, probando, razonando… y a veces das con la clave a la primera, y otras cuesta más”, reconoce. Especialmente cuando el problema lleva años instaurado.

Osteopatía pediátrica: cuando el cuerpo no sabe expresarse

Uno de los ámbitos menos conocidos de la osteopatía es el tratamiento de recién nacidos. Alzugaray atiende a bebés que presentan llantos persistentes, problemas de sueño o los conocidos “cólicos del lactante”.

“Muchas veces metemos todo en el cajón desastre de los cólicos”, explica. “Pero un recién nacido no puede decir qué le pasa. Solo llora”.

Durante el parto se generan tensiones a nivel craneal y fascial que pueden provocar malestar. El tratamiento es extremadamente suave y respetuoso. “Relajas esas tensiones y el niño cambia completamente: se tranquiliza, duerme mejor y se normalizan muchas cosas”.

Dolencias más habituales en consulta

Aunque cada paciente es único, hay dolencias que se repiten con frecuencia. Los dolores de espalda encabezan la lista: cervicales, dorsales y lumbares. A ellos se suman dolores de hombros, cuello, rodillas y tobillos.

Los esguinces y lesiones traumáticas recientes suelen resolverse con mayor rapidez. El verdadero reto está en los dolores difusos, acompañados muchas veces de cefaleas, tensión generalizada y sensación de bloqueo corporal.

Tratamiento para las anginas

También destaca la mejora de problemas como las anginas recurrentes, un tratamiento conocido desde hace décadas y que sigue sorprendiendo por sus resultados. “Es alucinante cómo mejora”, afirma.

Karlos está especializado en tratar a esas personas que padecen anginas habitualmente, con lo cual mejoran de manera sorprendente. Ese paciente, que padece dolor, que no puede deglutir bien por el dolor, que cursa con décimas de fiebre, que le pautan antibióticos , toma analgésicos ... .. . Los resultados son fabulosos.

Pamplona: un nuevo paso profesional

La apertura de la consulta en Pamplona responde a una demanda real y a un momento vital concreto. “Llevo dos meses aquí”, comenta, “y poco a poco”.

No es un comienzo desde cero, sino la extensión natural de una trayectoria consolidada. El reto ahora es darse a conocer en un entorno nuevo, manteniendo la misma filosofía de trabajo que ha marcado su carrera.

Contacto

Las personas interesadas pueden contactar fácilmente con Karlos Alzugaray a través de su página web, donde explica con mayor detalle su enfoque y tratamientos:
https://www.osteopatiaalzugaray.com/

También se puede pedir cita llamando al teléfono 607 85 32 08. El centro en Pamplona se encuentra situado en Monasterio de Fitero 25. El contacto vía telefónica o Whatsapp.

Escuchar antes de tratar

Si algo define el trabajo de Karlos Alzugaray es la escucha: del paciente y del cuerpo. Entender el dolor no como un enemigo, sino como un mensaje. Un aviso de que algo no funciona como debería.

En un contexto donde el ritmo de vida empuja a ignorar las señales físicas, su propuesta es clara: no esperar a estar mal para cuidarse. Porque muchas veces, cuando el cuerpo grita, llevaba tiempo susurrando.

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