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Imelda Cillero Ballaz gana el premio al mejor TFE en Economía Social 2024-25 con un proyecto para personas en exclusión

Arturo Iturralde, profesor de Liceo Monjardín: “la Economía Social no empieza cuando se crea una empresa, sino con la Educación”

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Premiadas

Mesa redonda

Ponentes, autoridades y premiadas

Con los miembros de la Cátedra

La VII Semana Universitaria de la Economía Social ha celebrado este miércoles 4 de marzo su acto central en la Sala Nicolás de los Salmones del edificio Los Olivos, en el campus de Arrosadia de la Universidad Pública de Navarra. La cita se ha consolidado como un espacio de referencia para el análisis y la proyección de la economía social y solidaria desde el ámbito universitario.

Organizado por la Cátedra Economía Social y Cooperativismo con la colaboración de ANEL y otras entidades vinculadas al sector, el encuentro ha tenido como eje principal situar el conocimiento académico al servicio del bien común. La iniciativa ha buscado mostrar cómo la economía social y solidaria ofrece respuestas concretas a los actuales desafíos económicos, sociales y territoriales.

El programa ha arrancado con la apertura institucional a cargo de Iñaki Mendióroz, director general de Economía Social del Gobierno de Navarra, y de Arturo Iturralde, profesor y asesor jurídico-financiero de Liceo Monjardín S. Coop., entidad socia de la Cátedra. Previamente, la directora de la Cátedra Economa Social y Cooperativismo, la profesora Sandra Cavero Brújula, ha enmarcado el acto en la Semana Universitaria de la Economía Social, y ha puesto de relieve el papel de la Cátedra como elemento de colaboración público-privada entre la UPNA, Gobierno de Navarra, y los socios que la conforman como ANEL, Laboral Kutxa, Liceo Monjardín, Tafalla Iron Foundry, Navarra Capital y Sakana Group.

El director general de Economía Social del Gobierno de Navarra, Iñaki Mendioroz, ha defendido la necesidad de que la economía social vaya más allá de los valores declarativos y se traduzca en comportamientos reales que marquen la diferencia frente a otros modelos. A su juicio, los principios pierden sentido si no se acompañan de coherencia y autenticidad en la práctica diaria, ya que es en la forma de actuar donde verdaderamente se distingue este modelo empresarial.

Mendioroz puso el acento en la juventud como pieza clave en este proceso, destacando el creciente interés por el emprendimiento. Según señaló, cerca de un tercio de los jóvenes contempla emprender como salida profesional, lo que rompe con la idea de que la aspiración mayoritaria sea el empleo público. Para el director general, esta tendencia abre una “ventana de oportunidad” que debe reforzarse con innovación y con un mayor conocimiento de las fórmulas propias de la economía social, no solo como opción laboral, sino como una manera distinta de entender el trabajo y la relación con la sociedad.

Por su parte, Arturo Iturralde, profesor de Liceo Monjardín,  ha defendido que la economía social no nace con la constitución formal de una empresa, sino mucho antes, en el ámbito educativo. “La economía social no empieza cuando se crea una empresa, empieza en la educación”, afirmó, para añadir que es en las aulas donde el alumnado debe descubrir que la empresa puede ser “algo más que una estructura económica”, convirtiéndose en “un proyecto colectivo basado en valores” como la gestión democrática, la primacía de las personas, la sostenibilidad o el compromiso con la sociedad.

Un llamamiento a la resiliencia de los valores de la Economía Social

A continuación se ha celebrado la mesa redonda titulada «Economía Social: aportaciones desde el conocimiento y la práctica empresarial», en la que han participado Javier Husillos, catedrático de Economía Financiera y Contabilidad y experto en contabilidad social; Nuria Osés, vicedecana de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales y especialista en bienes comunales; y María Arretxe, representante de Goiener, entidad de la economía social y solidaria. 

Nuria Osés centró su análisis en los desafíos internos de la “economía social”, especialmente en relación con los comportamientos oportunistas y la gestión de la información. Subrayó que no debe confundirse lo comunal con el libre acceso sin normas, ya que incluso en modelos cooperativos es imprescindible establecer reglas claras y mecanismos de seguimiento, muchas veces sustentados en la vigilancia informal que se produce cuando las personas se conocen y comparten proyecto. Defendió que la información es un pilar esencial, aunque advirtió sobre la sobrecarga informativa y la necesidad de cuidar cómo se transmite para que cumpla su función. Como principal riesgo de la economía social, apuntó la importancia de diseñar estructuras sólidas que permitan crecer sin perder identidad ni compromiso.

Javier Husillos abordó la “economía social” desde una perspectiva que cuestiona la idea de que las personas actúan por defecto de forma oportunista, defendiendo que predominan los comportamientos cooperativos cuando existe un proyecto compartido y arraigo al territorio. Reconoció el papel de los incentivos, pero insistió en que “los buenos incentivos no sustituyen a los buenos ciudadanos”, destacando la dimensión ética y comunitaria del modelo. En materia de información, diferenció su uso en la economía convencional —más orientado al control— frente a su función educativa y transformadora en la economía social. Asimismo, llamó a resistir las presiones externas que pueden diluir la identidad del modelo en un contexto de cambio económico y social.

María Arretxe, desde la experiencia de Goiener, defendió que la “economía social” se sostiene sobre la transparencia, la participación y una base social informada y crítica. Explicó que su cooperativa, con 19.000 personas socias y 65 trabajadores, trabaja con sistemas formales e informales de información para fortalecer la confianza interna y el compromiso colectivo. Alertó de que grandes empresas pueden apropiarse del discurso de la sostenibilidad generando confusión, en un contexto donde considera que falta una legislación específica que proteja mejor al sector. Frente a ello, reivindicó la economía social como una alternativa real en sectores estratégicos y abogó por seguir tejiendo redes desde lo local para consolidar un modelo económico más democrático.

Imelda Cillero Ballaz obtiene el premio al mejor TFE en Economía Social 2024-25 con un proyecto de inclusión desde lo local

Imelda Cillero Ballaz ha sido distinguida con el reconocimiento al mejor Trabajo Fin de Estudios en Economía Social 2024-25 por su proyecto “Diseño de centro ocupacional municipal para personas en situación de exclusión social”, dirigido por la profesora Izaskun Andueza Imirzaldu, del Departamento de Sociología y Trabajo Social. El galardón se enmarca en la entrega de reconocimientos organizada por la Cátedra de Economía Social y Cooperativismo, con la colaboración del Gobierno de Navarra.

El trabajo premiado parte de una realidad detectada en el día a día profesional de la autora: personas con voluntad de formarse y acceder al empleo que, sin embargo, quedan fuera de los recursos existentes por problemas de salud, situaciones administrativas irregulares, dificultades de conciliación, barreras idiomáticas o carencia de hábitos laborales. Pese a la existencia de un sistema consolidado de recursos sociales, Cillero advierte de que no siempre se logra dar respuesta a estos perfiles, y que dispositivos como las escuelas taller resultan en muchos casos inaccesibles. De ahí la necesidad de crear un recurso intermedio que cubra ese vacío.

La propuesta plantea un centro público integrado en el área municipal de Acción Social, ubicado en el parque de Aranzadi y con buen acceso, cuyo eje central sería la agricultura ecológica desarrollada en dos invernaderos. La producción revertiría directamente en la ciudad, a través del banco municipal de alimentos o del suministro de plantas para jardines urbanos. El proyecto contempla 20 plazas estables —ampliables según necesidades—, itinerarios de 12 meses y horarios adaptados a los ritmos personales, con el objetivo de garantizar un recurso inclusivo, sostenible y alineado con los compromisos de la Agenda Urbana Pamplona 2030.

Como finalistas fueron reconocidas África Carrillo de Albornoz Carrica, por su trabajo “The intersection of government policies and marketing in the face of climate change: a study of Gujarat's environmental strategies”, y Rosa Jiménez León, autora de “Gestión del riesgo de inundaciones y resiliencia organizativa: el papel de los Local Self-Governments en zonas rurales de India”, completando así una edición que puso el foco en la capacidad transformadora de la economía social desde perspectivas locales e internacionales.


 

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