El estudio, elaborado por investigadoras de la Facultad de Comunicación, pone el foco en uno de los fenómenos más relevantes del ecosistema digital actual: el auge de los kidfluencers, menores de edad que generan contenido para millones de seguidores y que, en muchos casos, mantienen relaciones comerciales con marcas sin que estas queden claramente explicitadas.
El análisis se ha centrado en los diez canales infantiles con mayor número de suscriptores en España, que acumulan audiencias de entre 2,25 y 9,6 millones de seguidores. A lo largo de doce meses, entre marzo de 2024 y marzo de 2025, se examinaron 1.306 publicaciones —718 vídeos y 588 formatos cortos—, lo que permite trazar una radiografía detallada de las prácticas más habituales en este tipo de contenidos.
Entre las conclusiones más destacadas figura la escasa utilización de etiquetas que identifiquen la publicidad. Aunque las marcas aparecen en un 17% de los vídeos analizados, solo un 6,66% incluye avisos explícitos como #ad o #publicidad. A ello se suma un elevado porcentaje de autopromoción, presente en siete de cada diez publicaciones, lo que refuerza la difusa frontera entre contenido personal y estrategia comercial.
El estudio subraya además que los formatos predominantes —como los unboxings, retos, videojuegos o vlogs— facilitan la integración natural de productos en la narrativa, lo que contribuye a normalizar el consumo desde edades tempranas. Esta forma de presentar las marcas, advierten las autoras, puede resultar especialmente problemática en audiencias infantiles, que no siempre cuentan con las herramientas necesarias para identificar la intencionalidad publicitaria.
En cuanto a los sectores más presentes, destacan las marcas de juguetes, moda, belleza y videojuegos, con diferencias según el perfil del creador. Mientras los canales protagonizados por chicas tienden a incorporar más contenido vinculado a moda y estética, los de chicos se orientan en mayor medida al ámbito gamer.
Las investigadoras también ponen el acento en las lagunas del marco normativo actual. Aunque en España se han producido avances en materia de regulación audiovisual, consideran que todavía no existe una legislación suficientemente específica para abordar la actividad de los menores como creadores de contenido con intereses comerciales. En este contexto, señalan la necesidad de adaptar las normas a la realidad digital y de reforzar la protección de la audiencia infantil.
El trabajo concluye que los kidfluencers se han consolidado como actores relevantes dentro del mercado digital, pero advierte de que su creciente influencia exige un análisis más profundo desde el punto de vista ético, educativo y comunicativo. La transparencia, sostienen las autoras, será clave para garantizar la confianza del público y un desarrollo responsable de este fenómeno.



