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Pamplona Actual

La Técnica Alexander enseña a frenar el estrés desde el cuerpo

La especialista Susana Vera Tantos acerca a Pamplona una disciplina que une cuerpo y mente para reducir tensión, dolor y ansiedad.

Susana, en uno de sus ejercicios

En una sociedad acelerada, hiperconectada y permanentemente tensionada, detenerse se ha convertido casi en un acto revolucionario. Parar, respirar y tomar conciencia de cómo nos movemos, de cómo hablamos, de cómo tensamos la mandíbula o fruncimos el ceño sin siquiera darnos cuenta. En ese espacio, aparentemente pequeño, es donde trabaja la Técnica Alexander, un método centenario que encuentra en Pamplona una nueva voz gracias a Susana Vera Tantos.

Lejos de prometer milagros o soluciones rápidas, Vera Tantos propone algo mucho más complejo y, quizá por eso, más poderoso: aprender a habitar el propio cuerpo. Escucharlo. Entender qué movimientos son necesarios y cuáles no. Descubrir que muchos dolores, tensiones y agotamientos cotidianos tienen más relación con nuestros hábitos automáticos de lo que imaginamos.

La Técnica Alexander no es fisioterapia, ni yoga, ni meditación, aunque dialoga con todas ellas. Tampoco sustituye a médicos o especialistas. Se trata más bien de una herramienta complementaria que ayuda a las personas a relacionarse mejor consigo mismas y con su cuerpo en movimiento. Una especie de reeducación silenciosa que pone el foco en algo que hacemos miles de veces al día sin pensar: movernos.

Lo importante no es solo qué haces, sino cómo lo haces”, resume Vera Tantos durante la conversación. Ahí está, precisamente, el corazón del método.

La especialista explica que muchas personas viven desconectadas de las pequeñas tensiones que generan constantemente. Gestos aparentemente insignificantes —fruncir el ceño al escuchar, tensar los hombros al escribir, apretar la mandíbula al conducir— terminan convirtiéndose en hábitos automáticos que el cuerpo sostiene durante horas.

Hay movimientos innecesarios que hacemos continuamente y que consumen energía”, explica. “La mayoría de las veces ni siquiera somos conscientes de ellos”.

La propuesta de la Técnica Alexander consiste precisamente en devolver esa conciencia al cuerpo. Enseñar a detectar esos automatismos y, poco a poco, aprender a detenerlos.

Durante la entrevista, Vera Tantos pone un ejemplo sencillo: escuchar a alguien frunciendo el ceño. Muchas personas lo hacen de forma automática, como si necesitaran tensarse para prestar atención. Sin embargo, ese gesto no aporta nada a la escucha y sí genera tensión muscular innecesaria.

Cuando te das cuenta de que puedes dejar de hacerlo, descubres que tienes más control sobre ti mismo del que pensabas”, explica.

Ese descubrimiento, aparentemente simple, tiene consecuencias profundas. Porque la tensión física rara vez se queda solo en el cuerpo. Acaba afectando al estado emocional, al cansancio mental, a la forma de relacionarse con los demás e incluso a la percepción que proyectamos.

Entramos en una tienda o hablamos con alguien y, sin querer, transmitimos tensión”, comenta. “A veces el otro interpreta ese gesto como enfado o rechazo y nosotros ni siquiera somos conscientes de que estamos frunciendo el ceño”.

La Técnica Alexander trabaja precisamente sobre esa conexión constante entre mente y cuerpo. Un vínculo que, según Vera Tantos, muchas veces olvidamos en el día a día.

No somos solo una cabeza que piensa”, señala. “Todo el cuerpo participa en cómo vivimos, cómo sentimos y cómo reaccionamos”.

Aunque el método puede aplicarse a cualquier persona, suele despertar especial interés entre quienes sufren dolores recurrentes, estrés, ansiedad, fatiga muscular o problemas posturales. También entre músicos, actores, deportistas y profesionales que dependen mucho de su cuerpo en su actividad diaria.

Sin embargo, Vera Tantos insiste en que no se trata únicamente de corregir posturas. El objetivo no es aprender a “sentarse bien” como una norma rígida, sino entender qué está haciendo el cuerpo en cada momento y eliminar esfuerzos innecesarios.

Muchas veces no es que hagamos algo mal”, explica. “Es que hacemos más de lo necesario”.

Ese matiz cambia completamente la perspectiva. El cuerpo deja de ser algo que corregir para convertirse en algo que escuchar.

La especialista pone otro ejemplo cotidiano: sostener un bolígrafo con más fuerza de la necesaria mientras escribimos. Esa tensión extra puede terminar afectando a la mano, al brazo, al hombro o incluso al cuello.

Todo está relacionado”, insiste. “Si tensas una parte del cuerpo, otras también reaccionan”.

Por eso, el aprendizaje comienza desde lo general hacia lo concreto. Primero se trabaja una conciencia global del cuerpo y después se van identificando pequeños patrones automáticos que cada persona repite sin darse cuenta.

El proceso, aclara Vera Tantos, no tiene tiempos exactos ni fórmulas universales. Depende del dolor, de la implicación de cada persona y de sus objetivos.

Hay gente que aprende muy rápido porque tiene mucho dolor y necesita cambiar”, explica. “Otras personas tardan más porque no sienten una molestia tan evidente”.

Aun así, insiste en que los cambios pueden empezar a notarse desde muy pronto. A veces basta con identificar un gesto concreto para que la percepción corporal cambie por completo.

La Técnica Alexander nació a finales del siglo XIX de la mano del actor australiano Frederick Matthias Alexander, quien perdió la voz repetidamente sobre el escenario y comenzó a investigar qué hacía con su cuerpo mientras hablaba. Descubrió que tensaba el cuello y comprimía el cuerpo sin darse cuenta. A partir de ahí desarrolló un método basado en la observación consciente del movimiento.

Más de un siglo después, la disciplina sigue aplicándose en conservatorios, escuelas de interpretación y centros educativos de distintos países.

Vera Tantos, de hecho, acaba de regresar de Londres, donde participó en una formación vinculada a escuelas que trabajan estos principios desde la infancia.

Allí enseñan a los niños a parar, a respirar y a tener conciencia de su cuerpo desde pequeños”, explica. “Aprenden que no son solo una mente que estudia matemáticas, sino un cuerpo completo”.

Según relata, los resultados van más allá del rendimiento académico. Habla de niños más tranquilos, más conscientes y con una relación más saludable consigo mismos y con los demás.

Cuando aprendes a respetarte a ti mismo, también aprendes a respetar mejor a los demás”, reflexiona.

Esa idea del respeto aparece constantemente en su discurso. Respeto por los tiempos propios, por las señales del cuerpo y por las emociones que aparecen durante el día.

La Técnica Alexander, en ese sentido, no propone vivir en una calma artificial ni convertirse en alguien permanentemente zen. Vera Tantos lo deja claro: enfadarse, tensarse o reaccionar emocionalmente es completamente humano. El problema aparece cuando el cuerpo permanece atrapado en estados de tensión constante incluso cuando ya no son necesarios.

No se trata de no sentir”, explica. “Se trata de tener herramientas para darte cuenta de lo que haces contigo mismo”.

Y ahí emerge uno de los conceptos centrales de su trabajo: el autocuidado entendido no como lujo, sino como atención consciente.

¿Qué hago yo conmigo mismo para que las cosas funcionen o no?”, recuerda citando a una de sus profesoras.

La pregunta, sencilla en apariencia, obliga a mirar hacia dentro. A observar cuánto cansancio, dolor o ansiedad provienen no solo de lo que ocurre fuera, sino de cómo respondemos corporalmente a ello.

En un momento histórico dominado por la velocidad, las pantallas y la sobreestimulación, el método adquiere además una dimensión casi contracultural. Obliga a bajar el ritmo. A detener automatismos. A escuchar.

Estamos todo el día haciendo cosas sin darnos cuenta”, señala Vera Tantos. “Y el cuerpo acaba pasando factura”.

Ese desgaste silencioso se traduce en dolores musculares, agotamiento, tensión mandibular, problemas cervicales o fatiga mental. Pero también en una sensación constante de desconexión.

La Técnica Alexander busca precisamente recuperar esa conexión perdida.

No desde grandes discursos ni recetas mágicas, sino desde algo tan simple —y tan difícil— como prestar atención.

Mientras habla, Vera Tantos insiste varias veces en una idea: el cuerpo siempre avisa. La cuestión es si estamos dispuestos a escucharlo.

Porque quizá el verdadero problema no sea el dolor en sí, sino haber normalizado vivir tensos.

En ese sentido, la disciplina que ahora impulsa en Pamplona no promete cuerpos perfectos ni vidas sin estrés. Propone algo mucho más realista: aprender a detectar aquello que hacemos de más. Soltar lo innecesario. Respirar mejor. Movernos mejor. Habitar el cuerpo con menos lucha y más conciencia.

Puede parecer un cambio pequeño. Pero, como defiende Vera Tantos, a veces las transformaciones más profundas empiezan precisamente ahí: en un gesto mínimo que dejamos de hacer sin darnos cuenta.

Horario y contacto
Atención individual y personalizada

Email: https://veratantos.com/Contacto/ 

Sesiones individuales previa cita


 

 

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