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El arzobispo de Pamplona preside en la Catedral el funeral por los cinco policías forales fallecidos

Florencio Roselló ofició la misa de despedida ante las familias, compañeros del cuerpo y representantes institucionales congregados en el templo metropolitano

Misa funeral en la Catedral de Pamplona

Misa funeral en la Catedral de Pamplona

Misa funeral en la Catedral de Pamplona

La Catedral de Pamplona acogió este viernes un multitudinario funeral por los cinco policías forales fallecidos en acto de servicio: Mintxo Sola, Jesús Vidaurreta, Miguel Crespo, Juan Martín Domínguez y Miguel D'Entremont. El arzobispo de Pamplona y obispo de Tudela, Florencio Roselló Avellanas, presidió la ceremonia ante una concurrencia que reunió a las familias de los fallecidos, compañeros de la Policía Foral, autoridades políticas y militares, y representantes de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado. En el exterior, también se concentraron muchas personas que no pudieron seguir el funeral dentro de la seo. 

"Toda Navarra está de luto"

En su homilía, el arzobispo subrayó la dimensión colectiva del duelo. "Toda Navarra está de luto, se siente golpeada por una tragedia que nos ha roto el corazón", afirmó Roselló, quien el día anterior había visitado a las familias en el tanatorio. De ese encuentro trasladó al templo el peso de las preguntas que brotaban entre los allegados de las víctimas: "¿Por qué ellos y no yo?", "¿por qué de esta manera?", "¿por qué ahora?". El prelado reconoció no haber tenido respuesta para esos interrogantes, y señaló que tampoco nadie puede tenerla. "Ofrecía mi compañía, mi presencia y mi oración", explicó.

Roselló se apoyó en el evangelio de Juan para trazar un vínculo entre la entrega de los fallecidos y el mensaje del grano de trigo que, al morir, da fruto. Los cinco agentes, recordó, perdieron la vida cuando se desplazaban a una actividad de formación profesional, no en beneficio propio sino para mejorar su capacidad de servicio a la sociedad navarra. "Iban a prepararse mejor, iban a seguir aprendiendo, iban a adquirir nuevos conocimientos para desempeñar mejor su misión", señaló el arzobispo, quien destacó también el compromiso solidario que, según familiares y compañeros, cada uno de ellos mantenía fuera de su trabajo.

Una despedida marcada por el dolor

La ceremonia, celebrada en la catedral que el arzobispo describió como "la casa de Dios abierta al pueblo", transcurrió en un clima de honda consternación. Roselló quiso que el acto tuviese ante todo el carácter de un abrazo institucional y espiritual a las familias. "La Iglesia, antes que hablar, quiere llorar con los que lloran", afirmó, y encomendó a los fallecidos a la protección de Santa María la Real, que preside el templo catedralicio.

Los cinco policías forales fallecidos dejan tras de sí, según se puso de manifiesto en la homilía, a padres, esposos, parejas, hijos, hermanos y compañeros. "Navarra ha quedado un poco huérfana", dijo el arzobispo.

 

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