Finalmente se ha producido: el PSOE ha extendido el permiso de funcionamiento de los dos reactores de Almaraz hasta junio de 2030. Y lo ha hecho el 14 de agosto, con todo el país de vacaciones, y sin debate público ninguno. Como en los peores tiempos del ocultismo nuclear. Esta decisión es un desatino desde el punto de vista energético y una agresión a la democracia. Por varios motivos.
En primer lugar hay que tener en cuenta la forma en que se ha producido. Fue una negociación impulsada por las eléctricas con el fin de reducir la fiscalidad nuclear, como si esta convirtiera en ruinosos el gran negocio que es la energía nuclear en nuestro sistema de fijación de precios. No es el caso, tal como se demuestra con la petición de prórroga de funcionamiento, a pesar de que se mantiene la fiscalidad.
El acuerdo se aceptó con muy poco tiempo disponible, tan solo meses antes de que la central tenía que presentar la documentación para el cese de explotación. De hecho, la central presentó ante el ministerio el mismo día la documentación de cese y la petición de prórroga. El CSN ha tenido que emitir un informe en algo más de 4 meses. Un tiempo muy escaso para una correcta evaluación.
El PSOE puso como condición que la renovación no costase ningún dinero a los contribuyentes. Sin embargo un estudio realizado por la Universidad Rey Juan Carlos demuestra a las claras que el precio de la electricidad se incrementa a partir de 2030, lo que contradice la condición anterior.
Si se mantiene el resto del calendario de cierre, habría que parar 4 grandes reactores en 2030, cuando el parque nuclear español posee 7 reactores. Se suprime por tanto más de la mitad de la aportación nuclear en un año, sin tiempo material para reajustar el sistema eléctrico. Tampoco habrá tiempo para preparar los recursos necesarios para acometer esos cuatro desmantelamientos simultáneamente. Es más que probable que la prórroga de Almaraz sea la primera y que el calendario de cierre no se cumpla. Los planes consensuados para la gestión de residuos radiactivos se ponen también en entredicho.
La prolongación de Almaraz es un golpe muy duro a la transición energética española. Y más todavía si se incumple el calendario de cierre. Todos los planes de despliegue de renovables y de almacenamiento se convierten en papel mojado, dada la inseguridad que esta decisión introduce sobre el cumplimiento del calendario de cierre.
La postura de la derecha y de la extrema derecha españolas son de júbilo y celebración, puesto que esta decisión encaja perfectamente con su política energética y con los intereses de los sectores que defienden.
El PSOE se pliega de esta manera a los designios del oligopolio eléctrico que ve en las centrales nucleares una forma de obtener pingües beneficios. Es difícil para la ciudadanía entender esta decisión y la forma en que se ha tomado, que supone un duro golpe a la de mocracia y a la sensatez.
Firman Olga Risueño y Txema Mauleon de Batzarre


