Con la llegada de septiembre, millones de personas regresan a sus puestos de trabajo convencidas de que deberían recuperar el ritmo desde el primer día. Sin embargo, la neuropsicología apunta justo en la dirección contraria: el cerebro necesita un periodo de reajuste para adaptarse de nuevo a las exigencias cognitivas de la rutina laboral, un proceso que puede prolongarse entre una y tres semanas.
Durante las vacaciones disminuyen las demandas relacionadas con la atención sostenida, la planificación o la toma constante de decisiones. La vuelta al trabajo supone un cambio brusco de contexto que obliga al cerebro a reactivar estas funciones de manera progresiva. Por ello, es habitual experimentar durante los primeros días sensación de lentitud mental o dificultades para concentrarse y organizar tareas.
"Muchas personas interpretan estas dificultades como una falta de motivación o de rendimiento, cuando en realidad forman parte de un proceso normal de adaptación del cerebro a un aumento repentino de las demandas cognitivas", explica Valeria Medina, neuropsicóloga de la plataforma de neurorrehabilitación NeuronUP.
No existe un síndrome postvacacional como diagnóstico clínico
Aunque el denominado "síndrome postvacacional" forma parte del lenguaje cotidiano desde hace años, la evidencia científica no lo considera un trastorno clínico con entidad propia. El término hace referencia a un conjunto de síntomas transitorios, como apatía, irritabilidad, ansiedad leve, cansancio o dificultades para concentrarse, que pueden aparecer tras la reincorporación laboral y que, en la mayoría de los casos, desaparecen conforme el cerebro recupera su ritmo habitual.
No obstante, cuando el malestar persiste durante varias semanas o afecta de forma importante al trabajo, al sueño o a la vida personal, puede ser recomendable realizar una valoración profesional para descartar problemas como ansiedad, depresión, burnout o trastornos de adaptación.
La atención y la memoria de trabajo, las primeras en resentirse
Entre las funciones cognitivas que se ven más afectadas durante los primeros días destacan la atención sostenida y las funciones ejecutivas, responsables de organizar prioridades, planificar tareas o cambiar de una actividad a otra sin perder información. También puede disminuir temporalmente la velocidad de procesamiento, haciendo que tareas habituales requieran más tiempo del esperado, un efecto que suele intensificarse cuando la vuelta coincide con falta de sueño, una elevada acumulación de correos electrónicos o una agenda saturada de reuniones.
Además, el estrés puede comenzar incluso antes de volver a la oficina. Pensar durante los últimos días de vacaciones en los asuntos pendientes activa la respuesta fisiológica de anticipación, aumentando la tensión, alterando el descanso y dificultando la desconexión.
Los errores más habituales al volver al trabajo
Desde el equipo de profesionales de NeuronUP advierten de que uno de los principales errores consiste en intentar recuperar en unas horas todo el trabajo acumulado durante las vacaciones. Encadenar reuniones, revisar constantemente el correo electrónico, realizar varias tareas a la vez o eliminar las pausas para "ponerse al día" genera una sobrecarga precisamente cuando el cerebro todavía está recuperando su capacidad de organización.
Los especialistas recomiendan dedicar la primera jornada a revisar tareas pendientes, establecer prioridades y diferenciar aquello que requiere atención inmediata de lo que puede esperar unos días.
Cómo facilitar la adaptación del cerebro
La evidencia disponible señala que la calidad del descanso influye más que la duración de las vacaciones. Dormir bien, desconectar realmente del trabajo, mantener cierta actividad física y recuperar progresivamente los horarios habituales ayudan a que la transición resulte más sencilla.
Durante la primera semana también resulta recomendable trabajar por bloques, limitar la multitarea, reducir interrupciones, realizar pausas breves y mantener actividades agradables fuera del horario laboral, para evitar que la vuelta se perciba como un cambio brusco entre descanso y obligaciones.
"El objetivo no es rendir al máximo desde el primer momento, sino permitir que el cerebro vaya adquiriendo agilidad. Igual que el cuerpo necesita readaptarse después de un periodo de inactividad, el cerebro también requiere un tiempo para volver a asumir de forma progresiva la carga cognitiva habitual", concluye Medina.
Este contenido recoge información de carácter divulgativo y general sobre salud cognitiva. Si alguien atraviesa dificultades personales relacionadas con el ánimo o el bienestar emocional, puede ser recomendable contactar con un profesional de la salud mental.



