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Paseo climático por Pamplona: ciencia, ciudad y urgencia de adaptación en la Rotxapea y Buztintxuri

El formato, un recorrido a pie de dos horas entre el puente medieval de Santa Engracia y el centro de salud de Buztintxuri, ha propuesto una mirada necesaria

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Paseo climático

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Alrededor de medio centenar de personas ha participado este fin de semana en una iniciativa impulsada por Alianza por el Clima Nafarroa que ha transformado dos barrios pamploneses —Rotxapea y Buztintxuri— en un aula abierta sobre la crisis climática. El formato, un recorrido a pie de dos horas entre el puente medieval de Santa Engracia y el centro de salud de Buztintxuri, ha propuesto una mirada poco habitual pero cada vez más necesaria: la adaptación al cambio climático desde el territorio urbano.

Lejos de un acto meramente divulgativo, el paseo se ha articulado como un debate en movimiento, donde el propio paisaje urbano ha servido de soporte para reflexionar sobre el presente y el futuro de las ciudades en un planeta cada vez más tensionado por el calentamiento global.

El físico Peio Oria, especialista en análisis de riesgos climáticos, ha abierto el recorrido con una radiografía clara de la evolución reciente del clima. Ha recordado que la temperatura media del planeta ya ha aumentado en torno a 1,4°C respecto a la era preindustrial, una cifra que, lejos de estabilizarse, se acelera también en Navarra. Según los datos expuestos, la presente década refleja una tendencia sostenida: 14 de los últimos 21 trimestres han registrado anomalías térmicas iguales o superiores a 1°C respecto al periodo 1991-2020. El verano de 2022 llegó incluso a aproximarse a los 3°C en algunos momentos.

Este aumento se traduce en consecuencias cada vez más visibles: olas de calor más intensas y frecuentes, y una alteración del régimen de precipitaciones, caracterizado por mayor irregularidad, episodios extremos concentrados en poco tiempo y una creciente imprevisibilidad.

En otro punto del recorrido, la bióloga Camino Jaso ha ampliado el foco más allá del clima para hablar de “cambio global”, un concepto que engloba el conjunto de alteraciones provocadas por la actividad humana en los sistemas naturales. La pérdida de biodiversidad, la degradación del suelo o la transformación de los ciclos del agua forman parte de un mismo proceso que, ha subrayado, ya está afectando de forma directa a los ríos de la región.

En el marco del proyecto RUNA 2025, se han analizado los ríos Arga, Elorz y Sadar, proponiendo medidas de intervención como la revisión de concesiones de agua, la fijación de caudales ambientales desde el embalse de Eugi, la reducción de vertidos o la renaturalización de las riberas. También se ha planteado la eliminación o modificación de infraestructuras hidráulicas como presas y azudes, así como la recuperación de zonas inundables y la mejora del drenaje urbano.

El debate ha continuado en el cruce de Cuatrovientos, donde la movilidad ha ocupado el centro de la conversación. El aumento constante del transporte por carretera, tanto de mercancías como de vehículos privados, ha sido señalado como uno de los principales desafíos urbanos y climáticos. En este punto, varias intervenciones han cuestionado lo que se han definido como “falsas soluciones”, citando el coche eléctrico privado o el Tren de Alta Velocidad como respuestas insuficientes ante un problema estructural.

La presencia de ailantos en los márgenes de las vías ferroviarias ha servido a la bióloga y ambientóloga Ana Sánchez para abordar otra dimensión del cambio ambiental: las especies exóticas invasoras. Más allá de casos concretos como mascotas liberadas o especies ornamentales introducidas en jardines, ha advertido de que estas acciones pueden desencadenar impactos severos sobre los ecosistemas. Su expansión, ha señalado, supone una de las principales amenazas para la biodiversidad, con efectos también en la salud pública y la economía, y con costes de gestión que pueden alcanzar cifras millonarias.

Ya en Buztintxuri, los especialistas en regeneración urbana Ana Urtasun y Mikel Baztán han puesto el foco en el diseño del barrio: grandes espacios abiertos, superficies pavimentadas, ausencia de sombra y predominio de materiales duros que intensifican el efecto “isla de calor”. Aunque el Ayuntamiento ha puesto en marcha un proyecto de “renaturalización”, su alcance y enfoque han generado debate entre las personas participantes.

El cierre del recorrido ha corrido a cargo de Janet Torrea, del Colegio Oficial de Biólogos de Navarra, quien ha subrayado que la renaturalización no puede reducirse a una simple “vuelta al verde”. Ha defendido que debe tratarse de una intervención planificada, con visión de futuro y adaptada al contexto de cambio climático. En ese sentido, ha insistido en la importancia de evitar especies invasoras y priorizar vegetación autóctona, capaz de conformar ecosistemas más resilientes frente a fenómenos extremos cada vez más frecuentes.

El paseo ha concluido con una idea compartida: la crisis climática no es un escenario lejano, sino una realidad ya presente en la configuración de las ciudades, sus ríos, su movilidad y su forma de habitar el espacio urbano.

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