Con motivo del Día Mundial de la Lucha contra la Depresión, que se celebra este 13 de enero, el Departamento de Salud del Gobierno Vasco y Osakidetza han hecho públicos los datos de incidencia de esta patología en la comunidad. Durante el año 2025, un total de 3.434 personas fueron diagnosticadas de depresión en Euskadi, lo que supone un descenso del 12% respecto al ejercicio anterior, cuando se alcanzaron los 3.898 casos.
A pesar de esta tendencia a la baja, la prevalencia actual de la enfermedad se sitúa en 19.929 personas en el sistema público vasco. Por territorios, Bizkaia registra el mayor volumen con 10.005 casos, seguida de Gipuzkoa con 6.622 y Araba con 2.288. El perfil mayoritario del paciente sigue siendo femenino: el 65% de los casos totales y más del 60% de los nuevos diagnósticos corresponden a mujeres, principalmente en la franja de edad comprendida entre los 46 y los 75 años.
Atención multidisciplinar y ratios de psiquiatría
Euskadi se posiciona a la cabeza de la atención psiquiátrica a nivel estatal, con una ratio de 15 psiquiatras por cada 100.000 habitantes, cifra que supera ampliamente la media nacional de 9,27. La red de salud mental cuenta con 1.600 profesionales que atienden anualmente más de 500.000 consultas. Actualmente, la Atención Primaria gestiona el 55% de los episodios depresivos, derivando a los centros de salud mental aquellos casos que no responden al tratamiento inicial.
Innovación y prevención del bienestar emocional
Para mejorar la accesibilidad, Osakidetza está implementando soluciones tecnológicas como el proyecto MasterMind, que ofrece intervenciones psicológicas cognitivo-conductuales online. Asimismo, está prevista la puesta en marcha de un proyecto piloto para integrar a profesionales de la Psicología general sanitaria directamente en los centros de salud de atención primaria.
El director de Asistencia Sanitaria de Osakidetza, Koldo Berganzo, ha subrayado la importancia de buscar apoyo profesional ante los primeros síntomas. Entre las medidas de prevención recomendadas destacan el cuidado de los hábitos de vida, la actividad física y el mantenimiento de una red social activa, así como la vigilancia de señales de alarma para prevenir complicaciones graves como las ideas suicidas.





