El cementerio municipal San José de Pamplona fue este lunes escenario de un acto de reparación y memoria. Las familias de tres hombres asesinados durante la Guerra Civil y la dictadura franquista recibieron sus restos casi noventa años después de su muerte, gracias al trabajo del Instituto Navarro de la Memoria, el Banco de ADN del Gobierno de Navarra y la Sociedad de Ciencias Aranzadi.
La vicepresidenta segunda del Gobierno de Navarra y consejera de Memoria y Convivencia, Ana Ollo, presidió el acto de entrega junto al alcalde de Pamplona, Joseba Asiron, el Defensor del Pueblo, Patxi Vera, y representantes institucionales, parlamentarios y asociaciones memorialistas.
Tres historias, tres vidas truncadas
El más conocido de los tres identificados es Ramón Bengaray Zabalza, nacido en Garralda en 1896 y una de las figuras políticas más relevantes de la Navarra republicana. Presidente del Frente Popular de Navarra, militante de Izquierda Republicana, periodista, impresor y barítono solista del Orfeón Pamplonés, Bengaray era también directivo del Club Atlético Osasuna entre 1931 y 1935 y socio fundador de varias entidades culturales. Tras el golpe de julio de 1936 pasó a la clandestinidad, fue detenido el 21 de agosto entre Burutáin y Olagüe, y desde entonces nada se sabía de su paradero. Ahora se sabe que fue asesinado en Muniáin de Guesálaz. Al no haber podido ser reclamados sus restos por ningún familiar, descansarán en el panteón municipal que acoge los restos de víctimas exhumadas y no identificadas de la Comunidad Foral.
Junto a él fue asesinado Dionisio Gutiérrez Ijalba, natural de Espinal, mecánico de 32 años y padre de un hijo. Su familia también sufrió duramente la represión: su hermano fue condenado a reclusión perpetua y su hermana tuvo que exiliarse en Francia. Sus restos fueron exhumados en julio de 2025 en la misma fosa que los de Bengaray, aunque en aquel momento no había indicios claros sobre su identidad. Fue el trabajo del laboratorio Nasertic y las muestras de ADN donadas por sus familiares lo que permitió finalmente identificarlos.
El tercer hombre es Epifanio Osoro Icobalceta, natural de Durango, 22 años, soltero, militante de la CNT. Fue asesinado el 1 de noviembre de 1936 en el Fuerte de San Cristóbal junto a otros 24 presos, en un episodio en el que se les acusó de intento de fuga. Su cuerpo fue trasladado al cementerio de Berriozar, donde fue exhumado en 2022 junto a otros 20 presos. Es el quinto de ese grupo en ser identificado genéticamente.
Diez años del Banco de ADN, 50 identificaciones
El acto de este lunes coincide con el décimo aniversario del Banco público de ADN del Gobierno de Navarra, que ha alcanzado precisamente la cifra de 50 identificaciones sobre un total de 439 expedientes, lo que supone una tasa de éxito del 31%, considerada muy relevante en comparación con resultados anteriores. Desde 2015, el Plan de Exhumaciones ha permitido recuperar 163 restos mortales en 38 exhumaciones, además de 133 prospecciones que no terminaron en hallazgo.
La vicepresidenta Ollo subrayó en su intervención que el compromiso del Gobierno foral "sigue intacto" y que las labores de búsqueda continuarán "mientras haya pistas que seguir, familiares que encontrar, víctimas por exhumar". También advirtió de los "riesgos y amenazas" que se ciernen en muchos lugares sobre las políticas de memoria, y reafirmó la voluntad del Ejecutivo de perseverar. "Seguiremos trabajando por una memoria crítica con el pasado, que sea herramienta para construir el presente y el futuro", concluyó.
El Instituto Navarro de la Memoria renueva su llamamiento a la ciudadanía para que aporte información sobre posibles fosas o localización de familiares de represaliados que puedan donar muestras de ADN. El contacto es inm@navarra.es.










