Pamplona vivió este jueves una de las veladas más intensas y brillantes del festival, con Lorca, Granada y el Sacromonte como inspiración y un cartel que desbordó compás y creatividad.
El pulso de Flamenco On Fire se hizo sentir desde el mediodía con un lleno en la plaza Consistorial. Allí, Duquende inauguró la jornada desde el Balcón del Ayuntamiento acompañado por la guitarra de Julio Romero. El cantaor catalán desplegó su fuerza en cantes de levante, bulerías por soleá y tangos en los que rescató el inmortal Como el agua de Camarón, coreado por el público. Su cierre por bulerías fue una celebración popular en la que se entrelazaron clásicos de su repertorio con letras universales del cante.
El ciclo matinal continuó en el Balcón del Hotel La Perla con un recital intimista de Antonio Agujetas Chico, que mostró su perfil más musical y autoral. Con guitarra propia y letras de su puño y letra, transitó por tientos-tangos, bulerías y fandangos, con un sello jerezano abierto a nuevas sonoridades. El gesto emotivo llegó con el pañuelico de Sabicas colocado por Domingo Rubichi, que rubricó su actuación.
Ya por la tarde, el Escenario Sabicas recibió a José Antonio Rodríguez, que volvió a mostrar la finura y hondura de su toque. En solitario, ofreció un viaje sonoro con piezas como Nana para un niño grande o Danza del amanecer, y sorprendió al público al sentarse entre ellos para despedirse con Adiós muchachos.
En el Pansequito (Palacio Ezpeleta) debutó el dúo formado por Ismael de la Rosa ‘El Bola’ y José del Tomate, que reivindicó con seriedad y frescura la vigencia de las sagas flamencas de Sevilla y Almería. Entre milongas, granaínas, tarantas y alegrías de Cádiz, firmaron un recital de gran solidez y proyección.
El protagonismo nocturno se trasladó al Zentral, donde Queralt Lahoz conquistó al público con su propuesta más personal: 9.30 pm. La catalana trenzó flamenco con soul, hip hop y boleros en un relato autobiográfico que confirma su lugar como una de las voces renovadoras de la escena actual.
El plato fuerte llegó en Baluarte, con la Compañía Antonio Najarro. Su montaje Romance Sonámbulo, inspirado en el poema de Lorca, deslumbró con un ballet de catorce bailarines, un vestuario vibrante, proyecciones envolventes y música en vivo de José Luis Montón. Najarro trazó un puente entre la danza estilizada, el folclore y el flamenco, con la voz de María Mezcle como columna vertebral, y Granada como universo poético y escénico.
La jornada culminó de madrugada en el Hotel Tres Reyes con el arte arrollador de Alba Heredia. De rojo y con flecos, la bailaora granadina desplegó toda su raza en seguiriyas, tangos de su tierra y una soleá de ejecución vertiginosa. Respaldada por El Bola y José del Calli al cante, Juan Jiménez a la guitarra y Lucky Losada a la percusión, dejó un recuerdo imborrable de fuerza y autenticidad.
Con esta sucesión de emociones, Flamenco On Fire volvió a elevar el listón. Hoy viernes la cita continúa con nombres de peso: La Macanita, Los Planetas, Kiki Cortiñas, Manuel de la Tomasa, David de Arahal y Dani Casares, llamados a mantener el pulso de un festival que respira a compás por toda Pamplona.